Tesis 27: La libertad no es un privilegio, sino un derecho de nacimiento.

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Explicación y justificación

La libertad no es un regalo concedido por el Estado. No es un bono, ni una recompensa por un comportamiento conformista, ni una exención en tiempos de crisis.
La libertad es aquello a lo que una persona tiene derecho desde su nacimiento, no por contrato, sino por dignidad.

No fue creada por decretos, constituciones o parlamentos. Todas estas instituciones se limitaron a reconocer lo que ya existía:

Que todo ser humano nace como un ser libre: pensante, sintiente, actuante, responsable.

Esta libertad puede ser restringida por la fuerza, por la ideología, por la burocracia o por el miedo -
pero nunca puede ser “otorgada” legalmente.
Porque lo que una persona posee por naturaleza no puede pertenecer a nadie - ni al estado, ni a la mayoría, ni al sistema.

Esta tesis es un recordatorio del fundamento de todos los derechos humanos:
La libertad no es negociable. No está disponible.

Qué significa la verdadera libertad

La verdadera libertad es más que la libertad de movimiento o el derecho de voto. Es la base de la dignidad, el desarrollo y el encuentro.
Es el espacio en el que las personas pueden ser humanas en primer lugar.

Libertad significa:

  • el derecho a decidir por ti mismo lo que piensas, crees, dices y haces, sin miedo a la censura ni al castigo.
  • la oportunidad de dar forma a sus propias vidas, independientemente del paternalismo estatal o de la coacción económica.
  • el fundamento de la responsabilidad, porque sólo quien es libre puede actuar moralmente.
  • protección contra la arbitrariedad: no la ausencia de normas, sino la existencia de leyes justas, comprensibles y proporcionadas.

Por tanto, la libertad no es el caos, sino lo contrario de la tiranía.
No es el egoísmo, sino el requisito previo de la comunidad a la altura de los ojos.

Quien diga: “La libertad hay queganársela” no ha comprendido la esencia de la libertad.
Porque la libertad que hay que ganarse no es libertad.

La peligrosa idea: “La libertad es sólo para el bien”

En los últimos años, se ha hecho aceptable una narrativa que realmente no debería tener cabida en las democracias:

  • “Si te vacunas, recuperarás tu libertad”.
  • “A los que se adaptan se les permite viajar, salir de fiesta y volver a trabajar”.
  • “La libertad es sólo para los obedientes”.

Lo que está ocurriendo aquí no es otra cosa que chantaje político.
Porque el mensaje que hay detrás lo es:

“Sólo podrás ser tú mismo si haces lo que te pedimos”.

Esto no es libertad, es condicionamiento.
No es democracia, sino conformidad entrenada.
No es ley, sino coacción psicológica en nombre del bien común.

Es lo contrario de lo que siempre han defendido la Ilustración, el movimiento de derechos humanos y todas las culturas amantes de la libertad.

¿La libertad como recompensa? Un abuso con historia

La idea de que el Estado puede “distribuir” la libertad como el pan no es nueva.
Se utilizó sistemáticamente en los regímenes totalitarios:

  • Bajo el nacionalsocialismo, el “comportamiento conforme al pueblo” se recompensaba con beneficios: viajes, educación, prestigio. La desviación conducía a la represión.
  • En la RDA, la libertad era selectiva: a los leales se les permitía viajar o estudiar. Los que pensaban críticamente eran controlados, sancionados o encarcelados.
  • En la “guerra contra el terror”, se restringieron sistemáticamente los derechos fundamentales, bajo la promesa de obtener “seguridad” como resultado.
  • A raíz de Corona, las libertades civiles se han transformado en un sistema de condiciones y recompensas: ¿Vacunado? Entonces puedes viajar. ¿Te has recuperado? Entonces recuperas tus “derechos básicos”.

En todos estos casos, la libertad se convirtió en una moneda, en una herramienta de control, y por tanto en una ilusión.
Pero una libertad que hay que “volver a ganar” nunca desapareció realmente, sólo fue arrebatada arbitrariamente.

¿Qué ocurre cuando la libertad se trata como un privilegio?

Las consecuencias sociales de este error de pensamiento son de gran alcance, y peligrosas:

  1. El estado decide quién es “digno”.
    La libertad ya no se asume, sino que se asigna, según la obediencia, la lealtad o la conformidad. El estado se convierte en la “oficina de asignación” de la dignidad.
  2. Se divide a la gente en grupos.
    Están los “buenos” y los “desviados”, los “sistémicamente relevantes” y los “insólitos”. Eso fomenta los estereotipos enemigos, no la comprensión.
  3. Los derechos fundamentales pierden su universalidad.
    Lo que realmente corresponde a cada uno se convierte en moneda de cambio. Esto socava la base moral del Estado de Derecho.
  4. La arbitrariedad sustituye a la proporcionalidad.
    Lo que está permitido ya no depende de normas objetivas, sino del estado de ánimo, la presión y las relaciones de poder.
  5. La responsabilidad se sustituye por la obediencia.
    En lugar de la consideración ética, lo único que cuenta es seguir instrucciones. El ciudadano responsable se convierte en un objeto de la administración.

Una sociedad que da la libertad como recompensa entrena a sus ciudadanos para ser sumisos.

La libertad no necesita permiso, necesita valor

La libertad es incómoda. Es arriesgada. Significa que se permite a las personas cometer errores, y que tienen que responsabilizarse de ellos.
Pero ésa es precisamente la esencia de la responsabilidad.
La libertad no requiere caos, sino carácter.
No compulsión, sino actitud.

En una sociedad libre:

  • el estado es el servidor de la libertad, no su distribuidor.
  • las leyes son herramientas de protección, no de disciplina.
  • el ciudadano es el sujeto de la historia, no el objeto de un orden.
  • La desviación no es una amenaza, sino parte del diálogo.

La libertad no es cómoda, pero es lo único que nos hace humanos.

El imperativo ético: libertad para todos - o para ninguno

La libertad no es una cualidad parcial.
O es universal, o está abolida.

Un Estado que aplica los derechos fundamentales de forma selectiva ha abandonado el principio de la dignidad humana.
Un sistema que tacha las opiniones discrepantes de “insolidarias” o “peligrosas” ha abandonado el discurso democrático.
Una sociedad que tiene que comprar o ganarse sus derechos no es libre: está funcionalmente controlada.

No hay libertad para la mayoría si se priva de derechos a la minoría.

La libertad es especialmente importante en una crisis, o nunca lo es.

Nuestra posición - We2030

We2030 defiende la libertad humana incondicional, indivisible y no negociable, como base de toda convivencia humana.

Nosotros decimos:

  • No a la reducción de la libertad a sistemas de recompensa
  • No a la privación selectiva de derechos fundamentales
  • No a la idea de que el Estado pueda “disponer” de la libertad

Exigimos:

  • el restablecimiento de la validez incondicional de los derechos y libertades fundamentales
  • la prohibición de todos los instrumentos que condicionen o controlen digitalmente las libertades civiles
  • una reevaluación política y jurídica de todas las medidas por las que las personas han perdido ilegalmente su libertad

Porque sí:

La libertad no es un privilegio.
La libertad es un derecho de nacimiento.
Y una sociedad que olvida esto no se ha vuelto más segura, sino más peligrosa.

La libertad es el principio, no el fin

La libertad no es algo que se “consigue” al final de un desarrollo.
Es la condición de todo lo que hace posible la humanidad:

  • por amor
  • para la creatividad
  • por responsabilidad
  • para el diálogo
  • por error
  • para el perdón
  • para el conocimiento
  • para el desarrollo

Donde no hay libertad, no hay humanidad, sólo conformidad.

Por eso esta tesis es algo más que una demanda legal.
Es un compromiso ético, una llamada de emergencia civilizatoria, un punto de inflexión cultural.


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