Tesis 41: Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, incluidos médicos, periodistas y políticos.

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Explicación y justificación

Equivocarse no es una debilidad, sino un requisito previo para el desarrollo.
Pero vivimos en una cultura de la infalibilidad, en la que admitir un error no es una expresión de integridad, sino más bien el fin de una carrera, la pérdida de reputación o la admisión de culpabilidad.
Este miedo a equivocarse conduce a un silencio colectivo.
No es la verdad la que gobierna, sino el miedo a equivocarse.

Se aplica lo siguiente:
Sólo aquellos a los que se les permite cometer errores pueden aprender.
Sólo aquellos a los que se les permite reconocer y admitir errores pueden corregirlos.
Sólo aquellos a los que se les permite hablar abiertamente sobre el desconocimiento pueden buscar juntos la verdad.


Por qué hay que reconocer el error

  • La verdad es un camino, no una posesión. Se produce por ensayo y error, por intercambio, por corrección.
  • La ciencia, la medicina, los medios de comunicación y la política operan en lo incompleto. Los errores no son una desgracia, sino una parte inevitable de toda realización.
  • Afrontar abiertamente los errores genera confianza.
    Un médico que admite un error demuestra responsabilidad, no debilidad.
    Un político que revisa su postura demuestra madurez, no inseguridad.
    Un periodista que se corrige públicamente demuestra credibilidad, no fracaso.
  • Cuando se proscribe el error, surge una cultura de autocensura.
    La gente evita lo que la hace vulnerable, y eso acaba con cualquier debate real.
    El resultado no es la verdad, sino una ideología de la infalibilidad.

“Un error que se reconoce y no se corrige es un segundo error”.
(atribuido a Buda)

Este principio se aplica universalmente: el problema no es equivocarse, sino persistir en el error por orgullo, miedo o cálculo.


Las consecuencias de una sociedad hostil al error

  • Los políticos defienden decisiones erróneas probadas sólo para salvar la cara, aunque millones sufran por ello.
  • Los periodistas se niegan a corregir su desinformación, porque no quieren “ayudar a la gente equivocada”.
  • Los médicos y los científicos se ciñen a terapias erróneas, porque revelar un error tendría consecuencias profesionales y legales.

So entsteht ein System der Unverantwortlichkeit – ein Regime der Behauptung, in dem Irrtum nicht nur vermieden, sondern unsichtbar gemacht wird.
Die Wahrheit wird zur Taktik.
Und der Irrtum zum Tabu.


La inversión moral

Los que se equivocan son despreciados.
Los que nunca se corrigen son admirados.
Los que advierten pronto y diferencian después son retratados como volubles.
Pero los que se aferran a juicios erróneos porque es “políticamente prudente” son vistos como coherentes.

De este modo, no se recompensa la perspicacia y la voluntad de aprender, sino la obstinación, el dogmatismo y el mantenimiento del poder.


Nuestra posición

We2030 dice:

  • Todo el mundo -incluso los que tienen el más alto nivel de responsabilidad- tiene derecho a cometer errores.
    Pero también el deber de corregirlos.
  • Exigimos una cultura de la honradez en lugar de rituales de infalibilidad.
  • La verdadera grandeza no se demuestra teniendo razón, sino recapacitando.
  • Si quieres la verdad, tienes que permitir el error.
  • Quien prohíbe el error no quiere el conocimiento, sino la dominación.

Por eso defendemos el derecho al error, como signo de humanidad, de responsabilidad, de agilidad mental.
Porque la verdad real sólo puede crecer donde se permite el error.

Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, incluidos médicos, periodistas y políticos.
Los que no lo reconocen no quieren la verdad, quieren el poder.


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