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Explicación y justificación
La verdad no es una opinión, ni un bien político, ni un privilegio de las instituciones: es un ideal universal que pertenece a todas las personas. El libre acceso a la verdad y la lucha abierta por ella son piedras angulares de toda sociedad libre.
Esta tesis hace una afirmación fundamental: siempre se debe permitir que se diga, se busque, se escuche y se discuta la verdad, independientemente de las leyes, los intereses políticos o los tabúes sociales.
¿Por qué es tan importante?
En la historia de la humanidad, a menudo fueron las verdades suprimidas en un principio las que más tarde se reconocieron como revolucionarias:
- Galileo Galilei fue condenado por la Iglesia por decir la verdad sobre el sistema solar.
- Se persiguió a los denunciantes y a los chivatos por sacar a la luz sistemas delictivos o corruptos.
- Los disidentes de las dictaduras fueron encarcelados por decir verdades incómodas.
La censura nunca protege la verdad, siempre protege el poder.
La falacia de las “verdades prohibidas”
Las leyes que prohíben ciertas declaraciones o investigaciones de forma generalizada afirman implícitamente que la verdad es peligrosa. Pero la verdad puede ser desafiante: puede cuestionar las relaciones de poder, sacudir las visiones del mundo y aportar nuevas percepciones. Pero nunca es peligrosa en sí misma, sólo para quienes la temen.
Una sociedad sana no necesita el monopolio de la verdad, sino transparencia, debate, corrección de errores y pluralismo. Sólo mediante la libertad de expresión puede distinguirse el error de la verdad. La censura, en cambio, hace que ambos sean indistinguibles.
Principios jurídicos y éticos
- El artículo 5 de la Ley Fundamental alemana garantiza la libertad de opinión, información y prensa: “No habrá censura”.
- La Declaración Universal de Derechos Humanos (Art. 19) garantiza el derecho a “buscar, recibir y difundir informaciones e ideas por cualquier medio y sin consideración de fronteras”.
Las leyes que criminalizan las opiniones discrepantes o las verdades inconvenientes son incompatibles con estos principios. Aunque se justifiquen con la “incitación al odio”, la “desinformación” o la “amenaza al orden público”, no crean orden, sino desconfianza y prohibición del pensamiento.
Nuestra posición
We2030 se opone resueltamente a toda forma de censura estatal, mediática o tecnocrática. No debe haber ningún ámbito -ya sea la ciencia, la historia, la salud o la política- en el que estén prohibidas determinadas preguntas, dudas o pruebas.
Porque sin la libertad de decir la verdad, toda sociedad pierde su alma.
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